Consiga un ejemplar de la segunda edición del libro "República y Guerra Civil en Monesterio"

lunes, 30 de junio de 2008

La primera reseña sobre mi libro


Los compañeros de Historia en Libertad han publicado la siguiente reseña sobre mi libro:


República y Guerra Civil en Monesterio no es una monografía de historial local al uso. Aunque se estudia este periodo referido a una localidad de la provincia de Badajoz, está fuera del ámbito de la habitual propaganda oficial patrocinada por la Junta de Extremadura y la Diputación de Badajoz. Esta circunstancia es fundamental porque ha permitido construir el relato objetivamente desde la libertad investigadora sin tutelas de ningún tipo y basado únicamente en las fuentes y no en suposiciones.
Originariamente es un trabajo de grado defendido en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura y que trajo no pocas polémicas en el acto académico. Polémicas en el sentido de plantear nuevas propuestas de investigación o la puesta de manifiesto de los endebles argumentos de la Memoria Histórica. Los ataques también se plantearon por el hecho de que en un trabajo universitario se citara a reconocidos historiadores como César Vidal, Pío Moa o Ángel David Martín Rubio.
La República nació subvirtiendo la legalidad vigente entonces. El primer acto relevante del Ministro de la Gobernación, Miguel Maura, fue dictar una serie de circulares en relación a las elecciones del 12 de abril. Circulares que infringiendo la jerarquía normativa modificó sustancialmente el Real Decreto de convocatoria de los comicios locales. A partir de este momento comenzaron a caer los ayuntamientos con mayoría monárquica y a nombrarse comisiones gestoras afines al Gobierno Provisional de la República. En el ámbito de la provincia de Badajoz fue la manera en la que las emergentes casas del pueblo socialistas fueron adquiriendo el poder local.
En ese momento comenzaron unos años de tensiones motivadas especialmente por la crisis agraria, el paro persistente, la inhibición de las autoridades centrales en la solución de los problemas de los campesinos, la oposición del socialismo a la mecanización del campo, atentados contra las cosechas y contra los bienes privados, huelgas, motines, prohibición de manifestaciones públicas de la religiosidad, la imposición en muchos casos de entierros civiles si no había una voluntad previa y por escrito de una ceremonia católica, impuestos por el toque de campanas de las iglesias…
A partir de 1934, mediante la Ley Municipal monárquica de 1877 y previa investigación gubernativa (hecho que no ocurrió tras las elecciones de 1931), fueron sustituidas las corporaciones socialistas por el matiz Republicano Radical y por militantes de Acción Popular. En esta situación se llegó hasta febrero de 1936, que tras las elecciones generales fueron rehabilitados los Ayuntamientos de 1931.
En la primavera de 1936 se intensificó un ambiente de desorden público masivo más acusado aún que en el periodo 1931-1934. Las Juventudes Socialistas se «constituyeron» en lo que ellas mismas llamaban «Guardias Rojos» para propinar palizas a los contrarios políticos. En esos meses previos a la contienda se produjeron asaltos de fincas, detenciones arbitrarias, control de todos los aspectos de la vida social y laboral por las casas del pueblo. El Diputado a Cortes socialista Nicolás de Pablos manifestó en un mitin en Badajoz el 14 de abril de 1936 que en pocas fechas habría que «exterminar a las derechas». En mayo en una concentración de milicias socialista en Badajoz hablaron en el mismo sentido Margarita Nelken y Antonio Mitje.
Paradójicamente, en Monesterio los militantes de Izquierda Republicana y Unión Republicana, partidos integrantes en el Frente Popular, eran acosados y agredidos por los jóvenes de la Casa del Pueblo por ser considerados por éstos como «derechistas». Era llevar a la práctica las consignas del enfrentamiento como medio revolucionario. A pesar de las súplicas de los republicanos de Monesterio al mismísimo Presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, el acoso, las palizas y agresiones se intensificaron días antes del estallido de la Guerra Civil.
Al producirse la sublevación fracasó los planes golpistas en la capital, Badajoz. El 19 de julio se desencadenó la revolución en numerosas localidades de la provincia. Se practicaron detenciones ilegales, ataques a la Guardia Civil, incendio de iglesias, asesinatos, etc. En Monesterio en el asedio al cuartel de la Benemérita murió un agente y dos paisanos, y en el cerco a la vivienda del presidente del Partido Agrario (de Martínez de Velasco), aquél mató a un revolucionario que llevaba una cuba de gasolina para ser arrojada a la puerta de su casa. Las sedes de Unión Republicana y de Izquierda Republicana fueron saqueadas e incendiadas.
La provincia de Badajoz quedó así bajo la autoridad nominal del Gobierno de Madrid. Autoridad nominal, porque la inmensa mayoría de los municipios fueron regidos por comités que se adueñaron ilegalmente del poder local. En los primeros días de la Guerra se cursaron telegramas desde el Gobierno Civil, pero ya no se hablaba en nombre de las Autoridades de Madrid, se hacía en nombre del «Comité del Frente Popular» de la provincia. En este sentido son gráficas las palabras de Salvador de Madariaga, el cual afirmó que la España gubernamental se fragmentó en múltiples «reinos de taifas».
En esta localidad pacense el poder pasó al «Comité de UHP», del cual dependían los comités de «Guerra» y «Enlace». Se detuvieron a los dirigentes del Partido Republicano Radical, de Unión Republicana e Izquierda Republicana, propietarios agrícolas, obreros, médicos, músicos, comerciantes, funcionarios… Ninguno afín a la Casa del Pueblo.
Se ensayaron fórmulas inútiles de abastecimiento que supuso una merma de la ganadería y de otros recursos, se establecieron controles en la salida de la localidad, así como patrullas de «guardias rojos» por las calles, saqueo de lo no destruido en la iglesia de Monesterio, llegándose a arrancar los baldosines de la parroquia para venderlos a cinco céntimos. Milagrosamente el Archivo Parroquial se salvó íntegramente, conservando entre sus documentos más destacados la partida matrimonial de 1588 de Luis de Zurbarán e Isabel Márquez, padres del pintor Francisco de Zurbarán.
El 2 de agosto de 1936 sale de Sevilla los primeros efectivos de la más tarde conocida como «Columna Madrid». En apenas dos días el entonces Teniente Coronel Carlos Asensio Cabanillas hace una marcha de 100 kilómetros y toma la localidad en nombre de Gonzalo Queipo de Llano. El día anterior había huido el «Comité de UHP» poniendo en libertad a los detenidos. De esta forma, se ha reconstruido a partir de los documentos las operaciones militares de la Columna Madrid en el paso de Andalucía a Extremadura. Tras la toma de la localidad, Asensio nombró a una comisión gestora en funciones de Ayuntamiento compuesta por los dirigentes de Unión Republicana y del Partido Republicano Radical.
Desde agosto a noviembre de 1936 se producen fusilamientos. Después, en 1937, se encauza la represión a través de la Justicia Militar. En un Consejo de Guerra celebrado en 1938 se enjuiciaron a 38 vecinos. Nueve fueron condenados a muerte, pero más tarde conmutada por la pena de prisión mayor de 30 años. Los que no murieron por enfermedad en las cárceles, fueron excarcelados en 1943-44. También se analiza la vida en la retaguardia, la formación del Auxilio Social, la movilización de quintas, el Subsidio al Combatiente, operaciones militares, la integración de destacados izquierdistas en la vida institucional del primer franquismo, o incluso los recitales del poeta Luis Chamizo en los pueblos de la retaguardia pacense en 1937.
Así, este estudio supone una manera novedosa de enfoque de la Historia Local en referencia a la época citada. Sobre todo porque se habla de temas habitualmente obviados por desidia o por malicia. También es importante resaltar, en palabras del prologuista, Ángel David Martín Rubio, que «la Historia puede servir como fundamento de una convivencia equilibrada cuando se establece en los términos que ya señalaron los clásicos, es decir, procediendo con buena fe, sin encono sectario y tras someter a crítica la información aportada por las más diversas fuentes».